Deja de ser un coach de humo. Genera resultados tangibles.
Mirá, nadie le paga al coach por dar abrazos o frases motivacionales bonitas. Quieren ver plata en sus cuentas, menos estrés en la cabeza y que su vida no sea un chiste macabro. ¿Y tú? ¿Qué les entregas?
El cliente no es tonto. No te cree solo porque viste bien de traje.
Descargá esa foto del Instagram donde sos el gurú con los brazos abiertos y la sonrisa de Buda. El cliente quiere saber si vos le vas a dar algo útil o si lo vas a dejar en la misma mierda, pero con un buen aroma a lavanda.
¿Cómo se mide eso? Con números que no mienten.
Organizá tus testimonios como si fueran un cartel de neón: ‘Dejé de comerme las uñas cuando me presenté en público’. No te quedes con el vago ‘mejoró su autoestima’. ¿Mejoró cuánto? ¿Ahora se sube a una tarima sin sudar la gota gorda o sigue con los brazos cruzados como si le hubieran robado la última empanada?
Los números no mienten. La gente sí.
Un cliente que dice ‘ahora soy más feliz’ te puede estar dando un abrazo de oso por haberle regalado una taza con frases motivadoras. Pero el que te cuenta que ‘subí mi sueldo en 20% gracias a las estrategias que aprendí’, ese sí te está hablando de resultados concretos.
¿Cómo lo comunicás?
Olvidate del rollo espiritual, del ‘conectar con tu esencia’ y demás mierdas. Decime: ¿qué le diste al cliente para que subiera su sueldo? ¿Qué herramienta específica aprendió? ¿Cuántos clientes nuevos cerró gracias a la estrategia de networking que vos le enseñaste?
El cliente no quiere saber si sos un mago, quiere saber si te sirve para algo.
Si tu coaching es como una caja misteriosa llena de pétalos de rosa y frases inspiradoras, el cliente va a seguir con la misma ansiedad, pero ahora con olor a jazmín. Decime: ¿qué le sacaste del cajón mágico? ¿Qué cambió en su vida?
¿Y si no hay cambios?
Si tu coaching es un bucle infinito de ‘te amo’ y ‘eres capaz’, entonces tenés que empezar a revisar qué carajo estás haciendo. A veces, la mejor ayuda es decirle al cliente que se vaya a tomar un whisky y vuelva cuando tenga más ganas de cambiar.
¿Qué te parece si empezás a medir lo que ofreces?
No esperes que el cliente se dé cuenta solo. Decídete a contarle con números, con ejemplos concretos, con la historia del ‘antes y después’ que no sea solo una foto más en Instagram.
¿Listo para dejar de ser humo y empezar a generar resultados?
Te explico cómo convertir tus clientes en fanáticos (y no solo porque te compran el café)…